Desde hace un tiempo, un amigo y yo charlamos en tono jocoso y distendido sobre la posibilidad de que nuestros sueños sean en realidad vidas paralelas. Realidades en las cuales hemos tomado decisiones distintas, y el azar ha hecho que nuestra vida fuese por otros derroteros. Así hemos terminado participando en un holocausto zombie, hemos cambiado personalidades y cuerpos al más puro estilo Mulholland Drive, encontramos el amor absoluto, o sentimos la angustia afilada al quedarnos en blanco ante un examen.

Nuestro pequeño juego va aún más allá, y teorizamos que al soñar no sólo somos meros espectadores de nuestra realidad alternativa, si no que por ese pequeño instante somos totalmente autónomos y nuestras decisiones pueden efectivamente cambiar el rumbo de esa vida paralela. Por supuesto, esto sería válido también en sentido opuesto, ya que sería estúpido pensar que la vida que vivimos normalmente es la “autentica”, así que en ocasiones toman por nosotros decisiones otros yo que están soñando, fíjate tú que casualidad, con mi vida.
No penséis que esto es fácil. Al encontrarte de repente en una realidad paralela todo tu pasado se mezcla con el del otro formando una especie de cóctel de alta graduación. Si quieres tomar las riendas de la situación no te queda más remedio que concentrarte en separar las dos fases y ser consciente al menos en parte de ambas. Así quizás puedas echarte una mano a ti mismo en ese mundo en el que la cagaste con aquella chica, o aprender de las decisiones que tomaste en ese otro en el que eres más feliz que una perdiz.

La putada, el regusto amargo de este licor, es cuando ves una realidad que comparte mucho de tu pasado, pero que cambia en apenas una decisión. Una decisión que por supuesto no puedes volver a tomar. Eso hace que te despiertes y que la vuelta a tu vida sea áspera, insulsa, y no puedes evitar sentirte culpable de no haber tomado la decisión “correcta” en su momento.
Pero si algo hemos aprendido de la ficción, es que no existen decisiones correctas en la vida, y que aunque nos dieran la posibilidad de viajar al pasado y cambiarlas muy posiblemente nos arrepintiésemos del resultado. Y esto es a la vez la gracia y la desgracia de nuestra existencia; vivimos a sucio, no se puede vivir a limpio.