Deporte


Bueno, creo que este post debería haberse escrito hace mucho, pero más vale tarde que nunca. Si gustáis en acompañarme, hoy voy a introduciros en el divertido mundo de los malabares.

La más pura esencia de los malabares, son las pelotas, y nadie puede llamarse malabarista si no consigue realizar la “cascada” de 3 pelotas. Es el patrón que casi todo el mundo conoce, y podéis verlo explicado al detalle aquí. ¿Os ha gustado la experiencia?, pues seguid por aquí.

Una vez tengamos una noción básica sobre pelotas, quizás nos interese pasar al malabar circense por excelencia: las mazas. Muchos de los patrones que hayas aprendido con las pelotas os servirán para las mazas, así que ya es un comienzo. Aunque lo más divertido desde mi punto de vista es el “passing“. ¿Aún queréis más?

Ahora hablaremos de los malabares “cool”, de esos de lucir palmito en la playa: las cariocas. Desde hace un año para acá, todo el mundo sabe bailar cariocas… bueno, digamos que consiguen no golpearse muy a menudo. Las cariocas son un malabar especial, muy sencillo para algunos, y tremendamente frustrante para otros; a mí en particular me costó mucho al principio, pero ahora puedo defenderme… como un pato mareado, pero me defiendo. Y por supuesto, tiene el aliciente, de que su homólogo ígneo es el rey de las fiestas. Aquí tenéis chicos.


El diábolo es uno de los grandes olvidados, muchos de nosotros habremos tenido uno de pequeño, pero no os imagináis las virguerías que pueden llegar a hacerse con 2 o 3 de estos. Es un malabar muy agradecido, con una curva de aprendizaje muy suave, y además barato. Además, a la gente le encanta que lo lances muy alto y lo recojas, lo cual es vergonzosamente sencillo.

Los palos chinos son el malabar que más veces he visto “self-made“, la gente casi nunca compra unos, se los hacen ellos mismos en algún taller de malabares y para adelante. A mi no me gustan especialmente, y los de fuego son muy peligrosos, así que cuidado.

Las mazas de swing, son… mazas…. pero para hacer… swing. Es decir, un par de mazas modificadas para realizar los movimientos que harías con unas cariocas. Son más sencillas de utilizar que las cariocas, sobretodo porque puedes fijar toda tu atención en el movimiento de muñecas. Casi siempre se usan las de fuego, porque son poco peligrosas en comparación a las cadenas (a.k.a. cariocas de fuego).

Por último hablaros del “contact“, llamar a esto malabarismo quizás es un tanto impreciso… más bien parece magia. A mi me parece de una estética inmejorable, pero lamentablemente jamás podré hacer nada en este ámbito, porque tengo un dedo lisiado. Por cierto que, las pelotas son caras, así que al principio es mejor no usarlas de cristal.

Nos quedan unas cuantas variantes y malabares menos exitosos: los sombreros, los aros, los platos chinos, las cajas, el rola-bola, la cuerda floja, la cuerda de kevlar, las pelotas de rebote, el monociclosi estais interesados en alguno de ellos en concreto hacédmelo saber con vuestros comentarios y ampliaré el artículo.

Lo importante es que busquéis gente que ya este algo metida en el tema, y que os acerquéis por allí a cacharrear, tocad y jugad con todo lo que podáis, y a ver si os entra el gusanillo, porque es francamente divertido.

Link imprescindible: http://www.feuershow.de/

Link de los MaPers: http://losmapers.ueuo.com/index.php

“Être et durer”, la norma máxima del Parkour esconde trás de sí ¿una moda, filosofia, deporte, disciplina? de lo más interesante. El planteamiento es de lo más sencillo, para ir del punto A al punto B de la manera más rápida posible debemos trazar una línea recta superando cualquier obstáculo que se interponga en nuestro recorrido. Y a esto le añadimos: de la manera más fluida y elegante posible; es ahora cuando surge el arte.

Los límites del cuerpo humano están muy lejos de ser alcanzados por el ciudadano medio, al mismo tiempo que nos hundimos ante el mínimo problema; esto es así porque cada vez más vivimos en una sociedad en la que podemos desenvolvernos sin el menor desgaste físico o mental, podemos pasarnos tranquilamente nuestra esperanza de vida como meros espectadores pasivos de ésta. Pero esto no siempre es así, hay una etapa en la vida de toda persona en la que la curiosidad, el riesgo controlado, la libertad, el deporte y el juego se entremezclan creando un sabor único y especial: nuestra infancia.

Tan sólo hay que fijarse en como estan ideados los parques de juegos infantiles para darse cuenta inmediatamente de las analogías: toboganes, puentes colgantes, barandillas verticales, vallas horizontales, columpios, balancines… con un acogedor fondo de arena o goma que nos recibirá el centenar de veces que demos con nuestras manos, rodillas y cabeza contra el suelo. Entonces nos levantamos, y seguimos jugando.

El Parkour recoje esta necesidad de juego y de libertad, y la amplifica gracias a la condición física de un adulto y su templanza para crear recorridos imposibles llenos de elegantes saltos y desplazamientos, quizas aderezados con alguna que otra pirueta. Aunque el sillón hace estragos, y al final le resulta mucho más fácil superar un obstáculo a un niño de 14 años que a un joven de 23. Por supuesto que se necesita una buena condición fisíca, consciencia de los propios límites y afán de superación, pero permitidme que os aconseje que lo probeis. Para saltar de una azotea a otra hacen falta años, pero todos podemos pasar una valla, trepar un muro o rodar en la playa; al menos haz el pino de vez en cuando, columpiate, salta a la comba o trepa a un árbol.

Por favor, no dejes de jugar.